Esconder las equivocaciones realizadas en la gestión con el propósito de no poner en evidencia su ineficiencia tiene el mismo efecto que tapar los números de un termómetro para ocultar que el paciente tiene fiebre.
A pocos empresarios les gusta informar que los objetivos proyectados no fueron alcanzados o que los resultados obtenidos fueron inferiores a los planificados. También son pocos los que están dispuestos a reconocer que los conflictos que se presentaron en la empresa no pudieron ser resueltos de manera eficaz o se agravaron por su impericia. No lo hacen porque evalúan que ser demasiado transparentes y honestos pone en evidencia equivocaciones que dañan su imagen y a la gestión realizada. Prefieren ocultar los errores porque evalúan que su conocimiento impide hacer buenos negocios y lograr un mejor posicionamiento en el mercado.
Esta clase de empresarios, cuando consideran que los errores no podrán ocultarse si no se hace nada al respecto, toman decisiones más osadas para que los fracasos y los malos resultados de gestión no trasciendan. Trazan estrategias y emprenden acciones para que los problemas permanezcan en la oscuridad, aunque deban transgredirse normas corporativas, leyes públicas o conductas éticas.
Los directivos suelen aplicar diferentes artimañas para ocultar sus errores y la gravedad de sus consecuencias. El accionar más frecuente es directamente desconocer su existencia, aunque muchos optan por difundirlos de manera parcial o minimizar sus efectos negativos. Otros tratan que los errores pasen desapercibidos anunciando aciertos o éxitos en otras áreas. Finalmente hay quienes llevan adelante un maquillaje contable o administrativo para tapar la deficiente gestión ante los accionistas y organismos públicos. De esta forma intentan evitar que la realidad y los errores no se perciban tal como fueron. Números retocados, éxitos inexistentes o reportes bien escritos suelen utilizarse como un maquillaje que sólo buenos sabuesos y auditores eficaces pueden detectar.
Ocultar errores, aparentar aciertos, mentir, engañar o maquillar la información para ocultar equivocaciones tiene como propósito construir una reputación positiva ante los demás, evitar sanciones, celebrar un negocio, no pagar impuestos o eludir multas. Los empresarios saben que, mientras menos errores cometan ante los ojos de los demás y mayores sean los éxitos que pueden mostrar en su gestión, tienen más chance de crecer e imponer su marca comercial en el mercado. Al contrario, los errores se suelen pagar caro cuando trascienden, por lo que tratan que no se conozcan. Cuando los errores trascienden se dañan las relaciones con los bancos, inversores, compradores o clientes porque perciben que existen problemas dentro de la empresa que pueden afectar su relación financiera o comercial.
Sea para aparentar una gestión exitosa, ocultar ilícitos, buscar la aprobación de los inversores o engañar a los clientes, el hecho es que en los ámbitos empresariales es frecuente que se oculten los errores de gestión. Se evalúa si es mejor poner la tierra debajo de la alfombra para que no se perciba el mal estado de la empresa. Sin embargo, la experiencia muestra que esas acciones son absolutamente contraproducentes para el funcionamiento eficiente de la empresa y su crecimiento. Ocultar problemas termina afectando la productividad, las relaciones con los empleados, la ejecución de los planes, la evaluación de los resultados y las relaciones con el contexto externo.
Esconder los errores o mostrar aciertos que no han existido es una acción que afecta al desarrollo de la empresa porque impide conocer cuáles son las equivocaciones cometidas o los problemas pendientes de solución. Ese ocultamiento o maquillaje impide planificar en base a datos certeros y objetivos. Impide implementar una gestión destinada a enmendar errores o eliminar obstáculos porque se los oculta. Con este proceder lo único que sucederá es que todos los problemas se agravarán en el futuro al no ser reconocidos y solucionados en tiempo y forma. Esconder los problemas es como borrar los números de un termómetro para ocultar que el paciente tiene temperatura. Al no saber que el paciente tiene fiebre no se combaten las causas que la generan, por lo que con el paso del tiempo la enfermedad se agravará.
Los efectos negativos generados por el ocultamiento de una mala gestión siempre se incrementan con el correr del tiempo. Los problemas ocultos y no resueltos se expanden como la humedad en la madera. A medida que pase el tiempo la mancha de humedad se transforma en un agente corrosivo y destructivo que acaba con la estructura y fortaleza de la madera.
Al esconder, ocultar o cajonear los errores no sólo se afecta internamente la operatividad de la empresa y su productividad sino que están erosionando las entrañas de la organización. Se daña en grado extremo a la empresa porque gestiona en base al ocultamiento y la mentira con lo cual desaparece la transparencia, objetividad y la rigurosidad operativa que son esenciales para lograr resultados eficientes.
Todo empresario debe aceptar sus errores y reconocer sus yerros en la gestión. Al ocultar o disimular sus desaciertos lo más seguro es que los problemas se incrementen y su reputación finalmente se desmorone, no sin antes haber dañado a la empresa.
Los errores son parte de toda actividad económica y gestión empresarial. Nadie está exento de equivocarse. Por lo tanto un buen directivo debe hacerse cargo de los errores y debe tratar de enmendarlos. Cuando tiene desaciertos debe exponerlos para que todos los conozcan y puedan colaborar en su solución. Es muy sano para la gestión que los directivos y empresarios tengan la grandeza y honestidad de reconocer los errores ante los empleados, accionistas, inversores y proveedores. La valentía de reconocer que se han cometido equivocaciones es tan valiosa como tener aciertos que despiertan aplausos.
Los responsables de dirigir una empresa no son los únicos que ocultan errores. También es frecuente que lo hagan los empleados para evitar reprimendas o sanciones. Esa actitud, si bien es menos grave que cuando lo hace el empresario, también tiene consecuencias negativas por lo que no pueden ocultarse, ser toleradas o pasar por alto.
Un directivo debe ser muy estricto y severo con el empleado que oculta errores en su labor o problemas que ha generado ya que al hacerlo perjudica a la empresa, su trabajo y promueve que las consecuencias negativas se incrementen. Un empleado debe informar sus equivocaciones involuntarias porque el ocultamiento no solo es una actitud deshonesta, negativa e incompatible con trabajar detrás de objetivos comunes sino que no corregirla impulsa a que sus compañeros la imiten.
Para evitar que el ocultamiento y la mentira se instale entre los integrantes de la empresa es necesario que los directivos enseñen lo importante que es la honestidad en una organización. Para ese fin los directivos deben dar el ejemplo y ser los primeros que no deben ocultar los errores de gestión.
Es importante señalar que la disminución de los desaciertos y errores cometidos por los empleados no se logra sancionando, gritando o exponiendo públicamente a quien puede haber cometido un error. Los errores se corrigen en privado y se evitan capacitando a los empleados. Lo relevante para un funcionamiento eficaz de la empresa es que los empleados tomen consciencia que todo error o equivocación involuntaria debe ser expuesta porque su ocultamiento es negativo y perjudicial.
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